Razones para amar a Las Ruinas

¡¡Hola!!

Quedan dos días para el concierto que todo el mundo está esperando en Zaragoza. Es un clamor. Los nervios nos corroen, no dormimos por las noches, las horas pasan despacio. ¡Qué sufrimiento! Pero semejante padecer no hará sino tornarse en celebración colectiva cuando Las Ruinas y Nosequé y los Catalíticos suban al escenario de La Lata de Bombillas. Toda la información sobre el advenimiento, aquí.

Para alentar a la audiencia a que forme parte de esta experiencia única y acuda en masa a la sala de María Moliner, he decidido aportar unos argumentos irrebatibles sobre el concierto del sábado. Son diez razones por las que amar (e ir a ver) a Las Ruinas (y a los Catalíticos).

Cartel

1. HITS + HITS + HITS (sin descanso) = DIRECTAZO

Las Ruinas son una máquina de hacer hits. Y, en directo, se suceden sin descanso uno tras otro. No hay respiro. No hay tiempo para despistarse, ni ir a mear, ni a pedir a la barra ni nada, porque cuando termina uno comienza el siguiente y así hasta el final. Lo dan todo. Es cierto que hablo desde la posición de fan, pero cualquiera se enamorará de ellos (si no lo ha hecho ya) después de verlos en directo. Palabra. Yo lo he hecho unas 456 veces y no fallan. Cómo hacerlo con CANCIONAZAS (podéis hacer click en el título para esucharlas) como ‘Ramón y Cajal‘, ‘Club de fans‘, ‘Cerveza Beer‘, ‘La radio ha muerto‘, ‘Cubata de Fairy‘, ‘Secundarios del mundo, uníos!‘, ‘Este espíritu‘, ‘Cansado de mí‘, ‘Se remata un corazón‘, ‘Un regalo‘ o ‘Paranoide esquizoide‘, entre otras. Imposible. ¡Anda! Por casualidad me he topado con este concierto que dieron en Radio 3.

2. Son la BSO de los secundarios.

Sus letras están a la (gran) altura de su música. Y son maestros en ser la banda sonora de los secundarios, de los perdedores que no se comen un colín, de los urbanitas solitarios que se lamentan (y se ríen) de su mala suerte. También retratan a la perfección las desigualdades de una urbe como Barcelona, donde viven; bandera de la ‘modernidad’ en la que unos pocos se lucran con el turismo y viven a espaldas de sus vecinos, quienes sufren la precariedad, cuando no directamente la miseria.

3. El humor y sus estribillos memorables.

Ahondando más en sus letras, es de agradecer el humor y la ironía que emplean en ellas, con frases memorables que bien merecerían un tatuaje como “En tu club de fans solo está tu madre” (‘Club de fans’), “Dices que tengo un problema, pero el problema eres tú” (‘El problema’), “El amor es grande en Suecia, Diosas del Olimpo en Suecia” (‘Suecia‘), “Océéééééano de amor. No te resistas más y déjate llevar” (‘Océano de amor’), o “Te odio cuando tienes éxito, tú deberías fracasar como yo” (‘Cubata de Fairy’). Son solo cinco muestras, pero hay muchas más.

4. Que vivan los tríos.

La esencia del r’n’r: bajo, guitarra y batería. Ruinas y Catalíticos son ejemplo de ello. A buen seguro ambos son fans de históricos como Dinosaur Jr, Big Black, Shellac, Los Chichos, Camela, Sebadoh, Yo la tengo… De tres en tres y así hasta la victoria, ¡siempre!

5. Todos sus discos son buenos.

Hasta la fecha han publicado cinco discos (a uno por año desde 2010) y todos, sin excepción, son buenos. Siempre navegando por los mares del heavy pop, poco a poco han ido añadiendo matices a sus canciones con acierto y, nunca, bajando el listón; pese a ser tan prolíficos. Prueba de ello es ‘Toni Bravo‘, editado el pasado diciembre.

6. Puede que sea la última vez que toquen en Zaragoza antes de disolverse.

Han comentado varias veces que se separarían después de publicar el décimo disco. Y parece que va en serio. Según el calendario, esto sucederá en 2019. Por otra parte, tocaron por primera y única vez en Zaragoza hace más de tres años, así que, atendiendo a las estadísticas, con (muchísima) suerte lo harán una vez más. Pero lo normal es que no suceda, así que la del sábado es ¡la única oportunidad!

7. Las camisas de Edu Chirinos, sus gafas de sol, su guitarra y (últimamente) sus zapatillas blancas.

¿Hay algo mejor que un cantante que luce camisas con estampados imaginativos (suelen ser distintas a la de la foto), gafas de sol, guitarra en V y zapatillas blancas? ¿A que no? ¡Pues eso!

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8. Te ahorras los 195€ del Primavera Sound.

El único motivo por el que me planteaba ir al Primavera Sound era para ver a Las Ruinas. ¡Pero ya no va a ser necesario! Ahora, por 6€ los podemos disfrutar cómodamente en La Lata, con un sonido genial y la mar de contentos.

9. Nosequé y los Catalíticos.

Tienen canciones maravillosas y presentarán (seguro) algunas nuevas que acaban de grabar para su próximo disco. ‘Hare Hare’ o ‘Cat Stevens’ son algunos de sus grandes hits. Me maravilla la voz de Nines, que canta como Dios, y desde chaval los grupos noventeros han sido de mis favoritos. ¡Muchas ganas de verlos!

10. Los 15 años de La Lata de Bombillas.

Javier Benito y compañía se merecen un monumento. Están de celebración después de llevar 15 años al frente de uno de los proyectos culturales más especiales y con mayor personalidad de la ciudad. En este tiempo, por La Lata han pasado prácticamente todos los grupos que existen. ¡¡Felicidades!! Eso, que vengáis al concierto para seguir celebrándolo.

Aquí, una playlist con algunas canciones que sonarán el sábado. Y el cartel del concierto, obra de Zinético, batería de Las Ruinas:

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¡¡Nos vemos!!

¡Salud!

¡Gracias!

Jorge.

The Memories y Las Ruinas

¡Hola a todos!

Es un placer anunciar que esta empresa comenzará a organizar conciertos a partir de abril. Hermanos Segundos nació como tiburón de los negocios. Para ello, invitaremos a los mejores grupos del universo, que harán lo imposible por encontrar un hueco en sus agendas y actuar para el público selecto más encantador.

Y qué mejor forma que descorchar el champán con dos supergrupos como The Memories y Las Ruinas. Es todo un honor, de verdad. Sus conciertos, ambos en La Lata de Bombillas de Zaragoza, serán los días 23 y 11 de abril respectivamente.

Para quien no los conozca, The Memories vienen de California. Recientemente han publicado su cuarto LP, ‘Hot Afternoon’ (Burger Records), producido por Sonny Smith, de Sonny and the Sunsets. Además, tras de sí tienen un sinfín de singles para pequeñas discográficas de todo el mundo. De hecho, ellos mismos han formado una de ellas, Gnar Tapes. Sus canciones son una delicia de pop en baja fidelidad para todos los públicos. Y, a tenor de las fotografías y los vídeos que circulan por internet, son unas personas entrañables:

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Iremos ampliando información conforme se acerque la fecha, pero por el momento su bandcamp es una buena muestra de su talento.

Por su parte, Las Ruinas son de Perú, Venezuela y España. Es un trío presto y dispuesto capaz de hilvanar la mayor ristra de hits que jamás he visto sobre un escenario. Sus canciones recuerdan a The Replacements, pero también a Ramones o Los Nikis. Sus letras son maravillosas, tan pronto retratan a románticos perdedores como muestran su asco hacia las injusticias sociales. La voz y la dicción del cantante, Edu Chirinos, es la guinda del pastel. Gloria divina.

Habrá una futura entrada sobre las razones para amar a Las Ruinas. Dejo a continuación un vídeo en directo de uno de sus clásicos hits. Pero también están sus cinco discos largos (uno por año), el último publicado el pasado diciembre: ‘Toni Bravo’ (El Genio Equivocado).

El plan no podría ser más perfecto si no fuera por las dos bandas locales que completarán sendas veladas.

Nosequé y los Catalíticos, que preparan disco nuevo, presentarán nuevas canciones en la onda de Breeders y el pop 90’s. El blog zaragozafelizfeliz ya los recomendaba hace un tiempo y será una oportunidad perfecta para disfrutarlos como Dios los trajo al mundo. Uno de sus hits, a continuación:

Boca Dormida, que se presentó en sociedad hace un par de semanas, abrirá para The Memories.

Y, abajo, el cartel de los conciertos de abril.

¡Nos vemos!

Jorge.

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Boca Dormida y aniversario feliz, feliz

¡Hola!

¿Qué tal? Han pasado cerca de tres meses sin escribir aquí. Qué dejadez, qué pena. Vergüenza. Por suerte, la vida ha seguido su curso y, cumpliendo con la máxima de “no puedo parar de crear [sic]”, es menester compartir con el mundo dos advenimientos históricos.

El primero de ellos es el nacimiento de Boca Dormida, previsto para mañana por la tarde en la AVV Arrebato de Zaragoza. El parto será con anestesia epidural, totalmente indoloro y de fácil recuperación para el padre, que soy yo. Es decir, una alegría. Boca Dormida es una excusa que nace para el directo, en el que toco canciones nuevas y revisito otras de Gabriel y Vencerás, sobre cajas de ritmos y pedal chorus. Toda mi familia vendrá a verme, así que el éxito está asegurado. He aquí el cartel y en este enlace hay más información. Gracias a Cesicar por la invitación.

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El otro es la celebración por todo lo alto del segundo aniversario del blog ZaragozaFelizFeliz, que tiene lugar en el Centro Musical Las Armas este sábado. Un “aquelarre”, como muy bien han bautizado los autores de la publicación, que reúne a ocho bandas y que comienza pronto para terminar tarde. Una gran fiesta que no vamos a rehuir. Toda la información sobre horarios, entradas y participantes, aquí. Y a continuación, el cartel:

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¡Eso es todo!

¡Nos vemos pronto!

¡Cuidado!

¡Salud!

Jorge.

De profesión: acojonado

¡Hola!

Hoy he ido con mi mujer a tomar el aperitivo en un bar. El lugar tiene nombre castizo, camareros cincuentones, servilletas por el suelo y tapas rebozadas. Nos hemos sentado en unos taburetes, junto a la barra. No estaba especialmente concurrido porque era algo antes de la hora punta; apenas una mesa de trabajadores y otra de mujeres jubiladas. Pido dos torreznos, una caña y un agua.

Hasta entonces, todo normal. De repente, entra un hombre que se sienta también en la barra, a unos dos metros de nosotros. Como es natural, miro de reojo para ver de quién se trata. Es algo instintivo: estás en un espacio, alguien se acerca y compruebas que no lleve una pipa o un cuchillo jamonero untado en sangre. Al tío le debo hacer gracia o qué sé yo y se me queda mirando un par de segundos, así que lo ignoro y sigo a lo mío. A los cinco minutos, él sale a fumar.

En ese momento, mi mujer me cuenta que el hombre no paraba de mirarla y de ponerle morritos, como intentando seducirla. Ella no se inventa este tipo de situaciones, lo aseguro. Es más, es la primera vez que nos pasaba. “¿Qué hago? ¿Le digo algo? ¿Cómo tengo que reaccionar? ¿He de hacer algo, realmente?”, pienso.

A los dos minutos, el ‘follador del bar’ regresa a por sus cosas y se va. Yo me quedo ahí, sin decir nada. Soy un acojonado, un mierdas, siempre lo he sido. Eso sí, el próximo día, a lo mejor le digo cuatro cosas. O no.

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Y de propina, unas fotos del pasado viernes. Gabriel y Vencerás grabamos unas canciones para el programa Menú Stereo, de Canal +, junto a Doble Pletina. Qué bien lo pasamos. Jaume y Francina cocinaron una receta mallorquina cojonuda: arròs de la marjal.

También estamos preparando el nuevo disco, que grabaremos antes de verano. Es muy luminoso. Daremos un par de conciertos antes para probar las canciones.

¡Eso es todo!

¡Saludos!

Jorge.

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El viaje de Chiquito

Y ahí estaba ella, Amarna Miller, la superestrella española del porno. No daba crédito. ¡¡¡AMARNA MILLER!!! Madre de Dios. Alojada en nuestra residencia de Kioto. Me muero. “Soy fan tuyo, y mis amigos también, aunque aún no lo sepan”, le acerté a decir. Si el viaje ya estaba siendo maravilloso de por sí, encontrarnos con ella en Japón fue el cénit.

El ‘shock’ fue importante. No voy a entrar en más detalles. Simplemente, estuvimos brevemente charlando con ella y Álex, su compañero, en la puerta. Nos contaron que estaban de viaje durante más de dos semanas y que habían visitado varias ciudades. Nos despedimos y no me atreví a pedirles una foto. Mis compis tampoco, cuando se la encontraron los días siguientes. Sea como fuere, durante tres noches, dormimos a escasos metros de Amarna Miller, la superestrella española del porno. Ella en la habitación de arriba, en el tercer piso, y nosotros en el segundo.

Antes de llegar a Kioto, cerramos brillantemente el capítulo de Osaka. Lo pasamos genial en el Namba Mele. Compartimos cartel con bandas locales como Atomic Stooges o Hotspring. Conocimos a Dee Dee, admirador de los Ramones, a quien Tito introdujo en el juego de los guantazos. Lo disfrutamos mucho y hay vídeos que lo demuestran. Aquí una foto de Dee Dee esperando su ración:

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Al día siguiente, cogimos el tren para Kioto. Yendo al vagón de fumadores, Tito se encontró a un colega que habíamos hecho en el metro minutos antes. El hombre le invitó a una cerveza y compartieron cigarro. Viajaba con sus seis hijos. Jesús Andrés le vino a decir con gestos que era un semental y él asintió. Estaba tan entretenido que casi se le pasa la parada. Esta es la imagen que demuestra el encuentro:

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Cuando llegamos a nuestro alojamiento de Kioto, sucedió lo de Amarna. Después, salimos a pasear por la zona del canal y a tomar algo en dos bares que nos habían recomendado. El primero, El Pervertido, era un lugar encantador y decrépito. Minúsculo, como es habitual, y con una parroquiana ebria en la barra que intentaba ligar con el camarero. Le preguntamos al hombre qué estaba sonando. Nos contestó que Maki Asakawa, una cantante japonesa de los 70 que no conocíamos. Bueno, eso lo supimos después de buscar en Google.

Y llegó el momento del segundo bar. La hora de una de las mayores barbaridades del viaje: conocer a Hashime y su antro, el Galaxie 500. Aquello fue el Big Bang, la hecatombe. Una explosión de sentimientos y emociones difíciles de explicar.

Hashime es un loco de la música que rondará los 50 -aunque como la mayoría de japoneses, no lo parezca-. En los 80, tocó en varios grupos y conserva en el bar VHS de sus actuaciones en directo que lo demuestran. Una de sus compañeras de banda fue Yoshimi, la mujer por la que los Flaming Lips titularon su disco ‘Yoshimi Battles the Pink Robots’. Ampliaré detalles más abajo (con un glosario de ideas), pero por resumir, aquella noche sonaron muchos de nuestros grupos favoritos: Pavement, Mercury Rev, Flaming Lips… Que gritamos y coreamos como nunca. Nos volvimos locos. Fue monumental. Quizás suene exagerado, pero es como lo vivimos. Fue sentir que en la otra punta del mundo uno tiene un lugar que bien podría ser suyo. “Best bar in milky way”, balbuceábamos.

Volvimos a la residencia a cuatro patas, en deuda eterna con Hashime por habernos hecho vivir una de las mejores noches de nuestra vida.

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Por la mañana -en concreto, la mañana del jueves 11 de septiembre-, visitamos el Castillo Nijō, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994. Muy bonito. Por la tarde, vimos más templos, recuperamos el karma y la tranquilidad. Pasamos por el Galaxie 500 para regalar un par de discos a Hashime. Nos lo encontramos de camino y nos dijo que no abría hasta las 8. No sé si nos entendió, pero solo queríamos darle los discos. Nos comentó que se pasaría por la prueba de sonido -tocábamos al día siguiente- del Sócrates, que era amigo del dueño. No lo hizo, pero no importa, le queremos igual.

El viernes, paseamos por los jardines del Palacio Imperial. Precioso. Y después, directos al Sócrates. El concierto no fue mal. Vinieron a vernos Edu y Laura, unos colegas de Zaragoza que coindicían esos días por allí. Los grupos eran los más rarunos con los que hemos compartido escenario. Dos de ellos eran noruegos. Otros, formaban una especie de comuna mística japonesa (tres hombres y tres mujeres). Ataviados con trajes tradicionales, guitarras eléctricas y bongos, los hombres tocaban y las mujeres hacían cosas como atar las extremidades de Tito con una cuerda blanca y someterle con un látigo. Psicodelia oscura-experimental-performance mediante. También tocó Chimo Blanco (lo bautizamos así), un macarra electrónico con la cara pintada que nos flipó:

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El sábado, decidimos que nos íbamos a quedar en la ciudad más días porque había mucho que ver. Pero donde estábamos no había sitio para más tiempo, así que Daisuke, el encargado de la residencia, nos llevó al hostal de unos amigos suyos que estaba en la calle de al lado. Más cómodo, imposible. Nos salvó la vida. Alquilamos unas bicis y echamos las horas por ahí. Vimos el Pabellón Dorado y llegamos hasta el parque de los monos, que queríamos visitar. Pero por la tarde estaba cerrado.

La idea era rodar con ellos el videoclip de una canción, así que volvimos el día siguiente. Jugamos con los monos, les dimos de comer cacahuetes, plátanos y Eloy grabó lo que pudo. Por la noche, regresamos al Galaxie 500 para despedirnos de Hashime porque al día siguiente viajábamos a Kobe. Lo pasamos genial de nuevo y todos nos emocionamos cuando hubo que decir adiós. Hasta siempre, amigo.

Ya en Kobe, empezaron a suceder cosas maravillosas. Juan se dejó la mochila en el tren. Ni qué decir tiene que ahí llevaba el pasaporte, el pase de tren, el dinero y las tarjetas de crédito. Como no puede ser de otra manera, los operarios la guardaron y la fuimos a buscar a la última parada. Gracias, Japón. A la salida del Lawson (un supermercado típico), un tío le regaló a Juan una cerveza y un rotulador. ¿Pero qué pasa aquí?

Después, Tito y Juan conocieron en una taberna a dos hombres, padre e hijo. Se cayeron bien y les invitaron a sake y a una ración de pulpo. Trajeron al hijo hasta donde el resto de nosotros, que estábamos cenando en otro lugar. El chaval iba muy borracho, es cierto. Contaba que era representante farmacéutico. De repente, dijo que se iba y nos dio 10.000 yenes (unos 70 euros). Le dijimos que no, que no. Insistimos en que no, que no. Pero no sirvió de nada. Pues nada, mil gracias, y pagamos con eso la cena.

El martes sería el último concierto en Japón. Sentíamos el final cerca pero las vibraciones con la ciudad eran muy buenas. Eloy insistía mucho en que le recordaba a Barcelona: por la montaña, los edificios y el mar al fondo. Por la mañana, cogimos un teleférico para ver Kobe desde lo alto. Después, comimos algo y fuimos para la sala.

Flipamos con el Varit, era enorme y con un equipazo. Como siempre, probamos en medio minuto y ya sonaba perfecto. The Audios presentaban disco esa noche, y convocaron antes a todos los grupos para un brindis. Estuvo muy guay.

Dimos nuestro mejor concierto y lo tenemos en DVD. Vendimos las guitarras. Conocimos al Nele de Japón, que ese día cumplía 24 años. Tocaba en uno de los grupos de la noche y lo celebró descorchando botellas de Dom Pérignon cortesía de la sala. El tío nos comentó después que el dueño era de la mafia. No sé. En la imagen, Nele es el que coge Tito por el cuello:

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Fuimos todos los grupos a cenar a un restaurante cercano. Nuestros compis de mesa nos preguntaron si los católicos comíamos pollo y se sorprendieron cuando les contamos que fuera de Japón el porno no tenía píxels. Tampoco sabían que en nuestras casas no comíamos con palillos, sino con cuchillo y tenedor. Y más cosas, pero si ya esta entrada es lo bastante larga, acabáramos. Estuvo muy, muy bien. Una gran despedida.

De vuelta a Tokio, sentíamos que ya solo quedaba volver. Ese fue el final del viaje.

Pero qué bien continuó cuando llegamos a Barcelona. Tocar nada más bajar del avión en las fiestas de Poblenou fue la guinda. Y por primera vez nos disfrazamos. Con unos kimonos que cogió Tito del hotel cápsula en el que se alojó la última noche de Japón. El colofón perfecto.

Ya volveremos. Pronto.

A continuación, el glosario de términos, seguido de fotos y vídeos de algunas canciones que nos grabaron durante la gira. Y para cerrar, la entrevista que Jesús Quintero hizo a Chiquito de la Calzada sobre sus años en Japón cuando era cantaor de flamenco.

EL FRANQUICIADO

Dícese del restaurante que ofrece un menú de calidad media a precio popular. El menú suele consistir en un plato principal (arroz con carne o pescado, fideos con carne o pescado, pollo rebozado), sopa de miso y puede que algo más. La cantidad es más que aceptable. También suelen ofrecer platos sueltos. El precio del menú puede ir desde tres euros el estándar, a más si uno se pone sibarita o se quiere dar un homenaje. Muchas veces, el grupo se dividía entre los ricos y los pobres. Los primeros, optaban por un restaurante de más caché. Los otros (que solíamos ser Pedro y yo), nos decantábamos por el franquiciado. Calidad media a precios imbatibles.

LOS JUBILADOS

Los jubilados, hombres y mujeres que rondan los 80 años (o más), son el motor económico de Japón. Es habitual encontrarlos trabajando como taxistas, dependientes de comercios, vigilantes (de obra, de aparcamientos, de lo que sea), controlando el tráfico, etcétera. Si pueden respirar, pueden trabajar. Esa es la idea.

LA SERRERÍA

El Serrería Sound vivió sus momentos de mayor intensidad durante los primeros días de Kioto, cuando nos tocó dormir a los seis en la misma habitación. La Serrería también suele ser más viva después de la borrachera. Eloy y Elena estuvieron bastante puteados por ello. Sus quejas y lamentos se escucharon en bucle durante esos días por no haber podido dormir. Estaban de muy mala hostia y nadie les culpa por ello. Los cabezas de cartel del Serrería Sound fuimos Pedro, Tito y yo. Según las grabaciones que nos hicieron llegar, dimos muy buenos conciertos.

EL INGLÉS

Muchos de los japoneses que nos encontramos apenas hablaban inglés. Y otros, lo hacían de una manera muy particular, por lo que las conversaciones eran la mar de graciosas. Varios de los que conocimos (Hashime, por ejemplo), añaden una “o” al final de la palabra que acaba en consonante. Es decir, que si uno se quiere hacer entender y que le indiquen dónde está el “market”, mejor que no lo diga tal cual y proncuncie “marketo”. Esto sucede con muchas palabras y artistas: Lou Reed (pronunciado “loredo”), Stereolab (“Stereolabo”), “Pavemento”, shot (chupito, pronunciado “shoto”), etcétera.

LOS REBOZADOS Y SNACKS

Los rebozados son un arte en Japón y la comida basura por excelencia. Todos los supermercados de ciudad (7Eleven, Lawson, Family Mart…) tienen rebozados calientes preparados para engullir. Realmente es un paraíso en este sentido. La estrella de la vitrina es el pollo. Ya le gustaría al KFC tener la receta. También venden pescado y calamar rebozados. Los snacks son otro aspecto a resaltar. El calamar y el pulpo disecados versión snack arrasan en los comercios. También los frutos secos. Especialmente reseñables son los cubiertos de wasabi. Son gloria.

LAS SALAS DE CONCIERTO

Las salas de concierto que hemos conocido son la comodidad para el músico. Todas tienen el mismo backline de amplis de guitarra: Roland JC120 y Marshall JCM800. El de bajo puede cambiar, pero suele ser un Ampeg. Al no variar de equipo, los técnicos tienen pillado el rollo y las pruebas de sonido duran 5 minutos. Es habitual que una sala tenga una programación de cuatro o cinco grupos tocando por día. Hay millones de bandas en Japón. Las bandas ensayan siempre en locales por horas, que son baratos, básicamente porque no hay espacio para tener locales individuales.

HASHIME

El bar de Hashime es un refugio antiaéreo. Tiene siete butacas y un baño con un agujero en el suelo. En la barra, hay un cilindro de gel rojo que pasa de un lado a otro iluminado por una linterna. Hashime nos dijo que la hora que más gente iba era de 10 a 11. Pero en todo el tiempo que estuvimos allí no vimos que nadie nunca intentara entrar. Tiene tropecientos discos en las estanterías. Es un fan de todo y controla de todo, aunque a veces cueste adivinar sobre qué grupo habla por aquello de la pronunciación a la japonesa. El bar está petado de cosas y hay que tener cuidado de no moverse mucho para no tirarlas. Nos contó que paga unos 700 euros de alquiler. Le gusta beber y fumar. Cuando se anima, se pone a tocar la armónica o el ukelele.

EL ALCOHOL Y EL TABACO

A los japoneses que conocimos les encanta beber y fumar. Les gusta descontrolar y hacer el mandril como al resto.

EL SEXO

En Japón, el sexo se vive de una manera muy particular. La abstinencia es un fenómeno generalizado y hay muchos tabús sobre el tema. Lo mejor para ilustrarlo es este documental de TVE.

Aquí, algunas fotos más:

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Y algunos vídeos:

Jorge.

Osaka – Magaluf. Adiós al Karma

No he estado en Magaluf. Tampoco en Lloret de Mar. Pero como todo buen maño, he veraneado en Salou. Por eso, Osaka hace que uno sienta que ya ha visto la película: borrachos vomitando en las esquinas, prostitutas a la caza del turista, basura en las calles y violencia. Vicio, mucho vicio. Es Japón, pero no. Adiós al karma, a la tranquilidad, a la amabilidad y los parabienes.

“¡Pero qué hace ese!”. Cuatro palomos arrastran por la sobaquera a un chaval que va como una rata. Se ve que el amigo acaba de zurrar a una tía que está en el suelo llorando descalza. Hay mucha confusión. Los paseantes se paran a mirar. Se oyen sirenas. Llega una ambulancia y varios sanitarios salen de ella con una camilla y se acercan a la chica. De repente, se arma un revuelo. A dos metros, el borracho maltratador se empieza a pegar con otro. En ese momento, llegan cinco policías y los separan. Se llevan al agresor a un lado y empiezan a dialogar con él. De repente, al tío se le cruza el cable de nuevo y se encara con una chica. Le pega un empujón y la tira al suelo. La Policía parece tonta. “¡Pero troncos, esposad al borracho de una vez! Reducidle, ponedle la rodilla en el cuello y dadle de hostias que la está liando”. Los Mossos d’Esquadra tendrían mucho que enseñar aquí porque los polis, autoridad, poca. Los tíos siguen hablando con el maltratador y apuntando en una libreta lo que les cuenta. Por fin, pasados unos minutos, se lo llevan.

Ayer lunes, por la tarde, llegamos a Osaka. Esta noche tocamos en una sala que se llama Namba Mele. Después de lo que hemos vivido los últimos días, la ciudad parece una cloaca. Pero mejor no prejuzgar y vamos a intentar disfrutarla como el resto.

Voy a resumir lo ocurrido desde la última entrada. Hay mucho que contar, pero no es cuestión de dar el coñazo.

El viernes por la mañana fuimos a visitar el templo Sensoji, uno de los más visitados de Tokio. Muy bonito. Tito dio dinero para coger uno de esos papeles que te leen el futuro. Tiene muy buena suerte. Textualmente, decía: “La persona que esperas, nunca llegará. Sí tienes que emprender un viaje, no lo hagas. Si te mudas de casa, todo irá mal -o algo así, sucesivamente-“. Ja, ja, ja. Así da gusto.

Por la tarde, fuimos a Akihabara, un distrito lleno de tiendas para frikis y onanistas. Después de visitar una tienda de consoladores y muñecas de plástico de seis pisos, nos tomamos una birra en un bar de camareras vestidas de niña que te hacen dar palmas y entonar canciones ñoñas. Después, fue el momento del karaoke. Lo flipamos pero bien y cantamos como nunca.

Cogimos el metro para Shibuya. Sensiblemente borrachos, rodamos cuesta abajo por unas escaleras en lo que hemos bautizado como Shibuya Roll. Terminamos la jornada en el fotomatón. Inmersión total.

Al día siguiente, me di cuenta de que había perdido el pasaporte y el pase de tren. Fui directo al fotomatón porque sospechaba que lo había dejado allí. Y ahí estaba, en el suelo de la cabina. Nadie lo había tocado. Gracias, Japón.

Por la tarde, dimos un concierto en el Instituto Cervantes. Fue genial. Era el primer festival de música que organizaba el centro y vinieron más de 200 personas. Habían instalado una barra libre de Estrella Galicia y de combinados de Jameson con Ginger Ale. Fue cojonudo. Pedro cantó una versión que Boys Age, uno de los grupos que tocaban, hizo de ‘Viaje a los sueños polares’, de Family. Sin embargo, los japoneses la presentaron como una canción de Elefant Records, obviado a la banda, prueba de lo popular que es el sello aquí.

El domingo, tras presenciar un combate de sumo universitario, dejamos Tokio y dormimos en Fujinomiya, una ciudad en las faldas del monte sagrado. Por la mañana, alquilamos unas bicis a Chan para visitar los alrededores. Precioso. Y de ahí, a Osaka.

Por cierto, a Eloy lo hemos rebautizado. Ahora se llama Luis porque su nombre original suena como una palabra japonesa que significa pervertido. Y cada vez que decíamos su nombre la gente se descojonaba.

Lo estamos pasando genial. También os echamos de menos. Pronto más noticias. Debajo, algunas fotos.

¡Salud!

Jorge.

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Bi-ru y hostias en Tokio

!!Hola!!

Estamos muy bien. Llevamos día y medio en Tokio y ya hemos aprendido la palabra que más hemos repetido: Bi-ru, bi-ru (cerveza, cerveza). Hay mucha afición por la bebida en la ciudad. No es cara, o no al menos como muchos lo pintan. Hay supermercados que venden latas frías de medio litro de la marca local a poco más de 1,5 euros. Y se pueden comprar las 24 horas. En los garitos que hemos encontrado, los 33cl salen por 300 yenes, unos 2 euros. Es decir, que emborracharse en Japón no sale mucho más caro que en Barcelona.

Es viernes por la mañana. Anoche dimos nuestro primer concierto en la capital. Fue un cartel compartido con cuatro bandas de aquí. De los nombres que recuerdo, los últimos se llamaban Mary, y otros, The Electers. La sala era el Livehouse Waver.

Voy a empezar por casi el final, relatando un hecho que nos dejó a todos en shock, sin poder de reacción. Estábamos en primera fila gritando y bailando durante el concierto de los Electers, de quienes nos habíamos hecho medio coleguillas, y un japonés se quiso poner a nuestra altura, a saltar y hacer el mandril. Éramos los únicos del garito que nos movíamos. De repente, al bajista se le cruzó el cable, brincó del escenario, le soltó un guantazo al tío y se empezaron a cascar. Tito se metió en medio y los separó. El uno subió al escenario como si nada y siguió tocando; el otro, impertérrito, continuó disfrutando de la música. Todo sucedió en mitad de la canción. Unos segundos de locura que rompieron la corrección y la armonía. Como si ese estallido de rabia y furia de apenas cinco segundos fuera necesario para mantener el orden mundial. Más tarde el bajista nos explicó que había entendido que el otro se reía de ellos.

En el puesto de merchan, Mary regalaban cedés. Pedro cogió uno y completó el nombre del grupo con un rotulador negro: “Marykón”. Después sintió risa y vergüenza y lo escondió por ahí. Eso fue casi al final de la noche.

El concierto salió bien. Muy bien teniendo en cuentas que acabábamos de comprar las guitarras y el bajo dos horas antes por 80 euros. Bueno, en realidad los instrumentos los tuvieron que comprar Eloy y Elena porque los dejamos colgados. Habíamos quedado a las 12, cuatro horas antes de la prueba, en una calle llena de tiendas de guitarras. Pero no aparecimos.

Se suponía que íbamos a estar los seis en el mismo apartamento, pero una semana antes de llegar hubo un brote de dengue en un parque de la zona. Elena ya se contagió en una ocasión, dicen que una segunda es mortal, así que alquilaron un apartamento en otro barrio.

Sea como fuere, la noche anterior habíamos salido. Unos japoneses que conocimos por la calle nos llevaron a una zona de bares llamada Golden Gai. Son callejuelas de garitos en los que apenas caben cinco personas. Moló mucho. Llegamos a las 6 de la mañana, jet-lag incluido. Y gracias a que habíamos cogido prestado el wifi portátil del apartamento, porque si no es imposible aclararse con las direcciones. Como queríamos dormir, nos pusimos ciegos de orfidal. Cuando llegó la hora, no se levantó ni Dios.

Abrí el ojo y eran las 2.40 pm. Teníamos hora y poco para comprar las guitarras y llegar a la prueba. No queríamos cagarla ya de primeras con lo estrictos que parecen ser los japoneses, pero teníamos todas las papeletas. Sin embargo, gracias al buen hacer de Eloy y Elena, se solvetó la situación. Y nosotros cuatro, sin saber cómo, llegamos a tiempo a la sala.

El trato de la gente del local fue exquisito. Y la organización, perfecta. Todo el mundo llegó a su hora, probó y tocó durante el tiempo establecido. Empezamos el concierto con Wíctor y la sensación de estar ahí, cantando y metiendo ruido frente a una docena de japoneses, fue cojonuda. Sonó deputamadre. Vino a vernos Naho, de Nos Mola el Pop, gracias a la que en parte estamos aquí haciendo el cabra.

Hoy queremos ir de turismo, aprovechar un poco el día y empezar a beber bi-ru ya a última hora. Mañana tocamos en el Instituto Cervantes con Boys Age, unos tíos a los que seguimos desde hace tiempo.

Pronto más noticias. Os dejamos con algunas fotos.

Besos!!

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