El viaje de Chiquito

Y ahí estaba ella, Amarna Miller, la superestrella española del porno. No daba crédito. ¡¡¡AMARNA MILLER!!! Madre de Dios. Alojada en nuestra residencia de Kioto. Me muero. “Soy fan tuyo, y mis amigos también, aunque aún no lo sepan”, le acerté a decir. Si el viaje ya estaba siendo maravilloso de por sí, encontrarnos con ella en Japón fue el cénit.

El ‘shock’ fue importante. No voy a entrar en más detalles. Simplemente, estuvimos brevemente charlando con ella y Álex, su compañero, en la puerta. Nos contaron que estaban de viaje durante más de dos semanas y que habían visitado varias ciudades. Nos despedimos y no me atreví a pedirles una foto. Mis compis tampoco, cuando se la encontraron los días siguientes. Sea como fuere, durante tres noches, dormimos a escasos metros de Amarna Miller, la superestrella española del porno. Ella en la habitación de arriba, en el tercer piso, y nosotros en el segundo.

Antes de llegar a Kioto, cerramos brillantemente el capítulo de Osaka. Lo pasamos genial en el Namba Mele. Compartimos cartel con bandas locales como Atomic Stooges o Hotspring. Conocimos a Dee Dee, admirador de los Ramones, a quien Tito introdujo en el juego de los guantazos. Lo disfrutamos mucho y hay vídeos que lo demuestran. Aquí una foto de Dee Dee esperando su ración:

IMG-20140911-WA0014

Al día siguiente, cogimos el tren para Kioto. Yendo al vagón de fumadores, Tito se encontró a un colega que habíamos hecho en el metro minutos antes. El hombre le invitó a una cerveza y compartieron cigarro. Viajaba con sus seis hijos. Jesús Andrés le vino a decir con gestos que era un semental y él asintió. Estaba tan entretenido que casi se le pasa la parada. Esta es la imagen que demuestra el encuentro:

IMG-20140911-WA0000

Cuando llegamos a nuestro alojamiento de Kioto, sucedió lo de Amarna. Después, salimos a pasear por la zona del canal y a tomar algo en dos bares que nos habían recomendado. El primero, El Pervertido, era un lugar encantador y decrépito. Minúsculo, como es habitual, y con una parroquiana ebria en la barra que intentaba ligar con el camarero. Le preguntamos al hombre qué estaba sonando. Nos contestó que Maki Asakawa, una cantante japonesa de los 70 que no conocíamos. Bueno, eso lo supimos después de buscar en Google.

Y llegó el momento del segundo bar. La hora de una de las mayores barbaridades del viaje: conocer a Hashime y su antro, el Galaxie 500. Aquello fue el Big Bang, la hecatombe. Una explosión de sentimientos y emociones difíciles de explicar.

Hashime es un loco de la música que rondará los 50 -aunque como la mayoría de japoneses, no lo parezca-. En los 80, tocó en varios grupos y conserva en el bar VHS de sus actuaciones en directo que lo demuestran. Una de sus compañeras de banda fue Yoshimi, la mujer por la que los Flaming Lips titularon su disco ‘Yoshimi Battles the Pink Robots’. Ampliaré detalles más abajo (con un glosario de ideas), pero por resumir, aquella noche sonaron muchos de nuestros grupos favoritos: Pavement, Mercury Rev, Flaming Lips… Que gritamos y coreamos como nunca. Nos volvimos locos. Fue monumental. Quizás suene exagerado, pero es como lo vivimos. Fue sentir que en la otra punta del mundo uno tiene un lugar que bien podría ser suyo. “Best bar in milky way”, balbuceábamos.

Volvimos a la residencia a cuatro patas, en deuda eterna con Hashime por habernos hecho vivir una de las mejores noches de nuestra vida.

IMG-20140923-WA0013
IMG-20140923-WA0010

Por la mañana -en concreto, la mañana del jueves 11 de septiembre-, visitamos el Castillo Nijō, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994. Muy bonito. Por la tarde, vimos más templos, recuperamos el karma y la tranquilidad. Pasamos por el Galaxie 500 para regalar un par de discos a Hashime. Nos lo encontramos de camino y nos dijo que no abría hasta las 8. No sé si nos entendió, pero solo queríamos darle los discos. Nos comentó que se pasaría por la prueba de sonido -tocábamos al día siguiente- del Sócrates, que era amigo del dueño. No lo hizo, pero no importa, le queremos igual.

El viernes, paseamos por los jardines del Palacio Imperial. Precioso. Y después, directos al Sócrates. El concierto no fue mal. Vinieron a vernos Edu y Laura, unos colegas de Zaragoza que coindicían esos días por allí. Los grupos eran los más rarunos con los que hemos compartido escenario. Dos de ellos eran noruegos. Otros, formaban una especie de comuna mística japonesa (tres hombres y tres mujeres). Ataviados con trajes tradicionales, guitarras eléctricas y bongos, los hombres tocaban y las mujeres hacían cosas como atar las extremidades de Tito con una cuerda blanca y someterle con un látigo. Psicodelia oscura-experimental-performance mediante. También tocó Chimo Blanco (lo bautizamos así), un macarra electrónico con la cara pintada que nos flipó:

IMG-20140923-WA0002

El sábado, decidimos que nos íbamos a quedar en la ciudad más días porque había mucho que ver. Pero donde estábamos no había sitio para más tiempo, así que Daisuke, el encargado de la residencia, nos llevó al hostal de unos amigos suyos que estaba en la calle de al lado. Más cómodo, imposible. Nos salvó la vida. Alquilamos unas bicis y echamos las horas por ahí. Vimos el Pabellón Dorado y llegamos hasta el parque de los monos, que queríamos visitar. Pero por la tarde estaba cerrado.

La idea era rodar con ellos el videoclip de una canción, así que volvimos el día siguiente. Jugamos con los monos, les dimos de comer cacahuetes, plátanos y Eloy grabó lo que pudo. Por la noche, regresamos al Galaxie 500 para despedirnos de Hashime porque al día siguiente viajábamos a Kobe. Lo pasamos genial de nuevo y todos nos emocionamos cuando hubo que decir adiós. Hasta siempre, amigo.

Ya en Kobe, empezaron a suceder cosas maravillosas. Juan se dejó la mochila en el tren. Ni qué decir tiene que ahí llevaba el pasaporte, el pase de tren, el dinero y las tarjetas de crédito. Como no puede ser de otra manera, los operarios la guardaron y la fuimos a buscar a la última parada. Gracias, Japón. A la salida del Lawson (un supermercado típico), un tío le regaló a Juan una cerveza y un rotulador. ¿Pero qué pasa aquí?

Después, Tito y Juan conocieron en una taberna a dos hombres, padre e hijo. Se cayeron bien y les invitaron a sake y a una ración de pulpo. Trajeron al hijo hasta donde el resto de nosotros, que estábamos cenando en otro lugar. El chaval iba muy borracho, es cierto. Contaba que era representante farmacéutico. De repente, dijo que se iba y nos dio 10.000 yenes (unos 70 euros). Le dijimos que no, que no. Insistimos en que no, que no. Pero no sirvió de nada. Pues nada, mil gracias, y pagamos con eso la cena.

El martes sería el último concierto en Japón. Sentíamos el final cerca pero las vibraciones con la ciudad eran muy buenas. Eloy insistía mucho en que le recordaba a Barcelona: por la montaña, los edificios y el mar al fondo. Por la mañana, cogimos un teleférico para ver Kobe desde lo alto. Después, comimos algo y fuimos para la sala.

Flipamos con el Varit, era enorme y con un equipazo. Como siempre, probamos en medio minuto y ya sonaba perfecto. The Audios presentaban disco esa noche, y convocaron antes a todos los grupos para un brindis. Estuvo muy guay.

Dimos nuestro mejor concierto y lo tenemos en DVD. Vendimos las guitarras. Conocimos al Nele de Japón, que ese día cumplía 24 años. Tocaba en uno de los grupos de la noche y lo celebró descorchando botellas de Dom Pérignon cortesía de la sala. El tío nos comentó después que el dueño era de la mafia. No sé. En la imagen, Nele es el que coge Tito por el cuello:

IMG-20140917-WA0006

Fuimos todos los grupos a cenar a un restaurante cercano. Nuestros compis de mesa nos preguntaron si los católicos comíamos pollo y se sorprendieron cuando les contamos que fuera de Japón el porno no tenía píxels. Tampoco sabían que en nuestras casas no comíamos con palillos, sino con cuchillo y tenedor. Y más cosas, pero si ya esta entrada es lo bastante larga, acabáramos. Estuvo muy, muy bien. Una gran despedida.

De vuelta a Tokio, sentíamos que ya solo quedaba volver. Ese fue el final del viaje.

Pero qué bien continuó cuando llegamos a Barcelona. Tocar nada más bajar del avión en las fiestas de Poblenou fue la guinda. Y por primera vez nos disfrazamos. Con unos kimonos que cogió Tito del hotel cápsula en el que se alojó la última noche de Japón. El colofón perfecto.

Ya volveremos. Pronto.

A continuación, el glosario de términos, seguido de fotos y vídeos de algunas canciones que nos grabaron durante la gira. Y para cerrar, la entrevista que Jesús Quintero hizo a Chiquito de la Calzada sobre sus años en Japón cuando era cantaor de flamenco.

EL FRANQUICIADO

Dícese del restaurante que ofrece un menú de calidad media a precio popular. El menú suele consistir en un plato principal (arroz con carne o pescado, fideos con carne o pescado, pollo rebozado), sopa de miso y puede que algo más. La cantidad es más que aceptable. También suelen ofrecer platos sueltos. El precio del menú puede ir desde tres euros el estándar, a más si uno se pone sibarita o se quiere dar un homenaje. Muchas veces, el grupo se dividía entre los ricos y los pobres. Los primeros, optaban por un restaurante de más caché. Los otros (que solíamos ser Pedro y yo), nos decantábamos por el franquiciado. Calidad media a precios imbatibles.

LOS JUBILADOS

Los jubilados, hombres y mujeres que rondan los 80 años (o más), son el motor económico de Japón. Es habitual encontrarlos trabajando como taxistas, dependientes de comercios, vigilantes (de obra, de aparcamientos, de lo que sea), controlando el tráfico, etcétera. Si pueden respirar, pueden trabajar. Esa es la idea.

LA SERRERÍA

El Serrería Sound vivió sus momentos de mayor intensidad durante los primeros días de Kioto, cuando nos tocó dormir a los seis en la misma habitación. La Serrería también suele ser más viva después de la borrachera. Eloy y Elena estuvieron bastante puteados por ello. Sus quejas y lamentos se escucharon en bucle durante esos días por no haber podido dormir. Estaban de muy mala hostia y nadie les culpa por ello. Los cabezas de cartel del Serrería Sound fuimos Pedro, Tito y yo. Según las grabaciones que nos hicieron llegar, dimos muy buenos conciertos.

EL INGLÉS

Muchos de los japoneses que nos encontramos apenas hablaban inglés. Y otros, lo hacían de una manera muy particular, por lo que las conversaciones eran la mar de graciosas. Varios de los que conocimos (Hashime, por ejemplo), añaden una “o” al final de la palabra que acaba en consonante. Es decir, que si uno se quiere hacer entender y que le indiquen dónde está el “market”, mejor que no lo diga tal cual y proncuncie “marketo”. Esto sucede con muchas palabras y artistas: Lou Reed (pronunciado “loredo”), Stereolab (“Stereolabo”), “Pavemento”, shot (chupito, pronunciado “shoto”), etcétera.

LOS REBOZADOS Y SNACKS

Los rebozados son un arte en Japón y la comida basura por excelencia. Todos los supermercados de ciudad (7Eleven, Lawson, Family Mart…) tienen rebozados calientes preparados para engullir. Realmente es un paraíso en este sentido. La estrella de la vitrina es el pollo. Ya le gustaría al KFC tener la receta. También venden pescado y calamar rebozados. Los snacks son otro aspecto a resaltar. El calamar y el pulpo disecados versión snack arrasan en los comercios. También los frutos secos. Especialmente reseñables son los cubiertos de wasabi. Son gloria.

LAS SALAS DE CONCIERTO

Las salas de concierto que hemos conocido son la comodidad para el músico. Todas tienen el mismo backline de amplis de guitarra: Roland JC120 y Marshall JCM800. El de bajo puede cambiar, pero suele ser un Ampeg. Al no variar de equipo, los técnicos tienen pillado el rollo y las pruebas de sonido duran 5 minutos. Es habitual que una sala tenga una programación de cuatro o cinco grupos tocando por día. Hay millones de bandas en Japón. Las bandas ensayan siempre en locales por horas, que son baratos, básicamente porque no hay espacio para tener locales individuales.

HASHIME

El bar de Hashime es un refugio antiaéreo. Tiene siete butacas y un baño con un agujero en el suelo. En la barra, hay un cilindro de gel rojo que pasa de un lado a otro iluminado por una linterna. Hashime nos dijo que la hora que más gente iba era de 10 a 11. Pero en todo el tiempo que estuvimos allí no vimos que nadie nunca intentara entrar. Tiene tropecientos discos en las estanterías. Es un fan de todo y controla de todo, aunque a veces cueste adivinar sobre qué grupo habla por aquello de la pronunciación a la japonesa. El bar está petado de cosas y hay que tener cuidado de no moverse mucho para no tirarlas. Nos contó que paga unos 700 euros de alquiler. Le gusta beber y fumar. Cuando se anima, se pone a tocar la armónica o el ukelele.

EL ALCOHOL Y EL TABACO

A los japoneses que conocimos les encanta beber y fumar. Les gusta descontrolar y hacer el mandril como al resto.

EL SEXO

En Japón, el sexo se vive de una manera muy particular. La abstinencia es un fenómeno generalizado y hay muchos tabús sobre el tema. Lo mejor para ilustrarlo es este documental de TVE.

Aquí, algunas fotos más:

IMG-20140911-WA0013
IMG-20140923-WA0001
IMG-20140915-WA0001
IMG-20140914-WA0006
IMG-20140917-WA0009
IMG-20140917-WA0008
IMG-20140914-WA0005
IMG-20140917-WA0011
IMG-20140923-WA0009
IMG-20140911-WA0016
IMG-20140914-WA0001
IMG-20140921-WA0000

Y algunos vídeos:

Jorge.

Osaka – Magaluf. Adiós al Karma

No he estado en Magaluf. Tampoco en Lloret de Mar. Pero como todo buen maño, he veraneado en Salou. Por eso, Osaka hace que uno sienta que ya ha visto la película: borrachos vomitando en las esquinas, prostitutas a la caza del turista, basura en las calles y violencia. Vicio, mucho vicio. Es Japón, pero no. Adiós al karma, a la tranquilidad, a la amabilidad y los parabienes.

“¡Pero qué hace ese!”. Cuatro palomos arrastran por la sobaquera a un chaval que va como una rata. Se ve que el amigo acaba de zurrar a una tía que está en el suelo llorando descalza. Hay mucha confusión. Los paseantes se paran a mirar. Se oyen sirenas. Llega una ambulancia y varios sanitarios salen de ella con una camilla y se acercan a la chica. De repente, se arma un revuelo. A dos metros, el borracho maltratador se empieza a pegar con otro. En ese momento, llegan cinco policías y los separan. Se llevan al agresor a un lado y empiezan a dialogar con él. De repente, al tío se le cruza el cable de nuevo y se encara con una chica. Le pega un empujón y la tira al suelo. La Policía parece tonta. “¡Pero troncos, esposad al borracho de una vez! Reducidle, ponedle la rodilla en el cuello y dadle de hostias que la está liando”. Los Mossos d’Esquadra tendrían mucho que enseñar aquí porque los polis, autoridad, poca. Los tíos siguen hablando con el maltratador y apuntando en una libreta lo que les cuenta. Por fin, pasados unos minutos, se lo llevan.

Ayer lunes, por la tarde, llegamos a Osaka. Esta noche tocamos en una sala que se llama Namba Mele. Después de lo que hemos vivido los últimos días, la ciudad parece una cloaca. Pero mejor no prejuzgar y vamos a intentar disfrutarla como el resto.

Voy a resumir lo ocurrido desde la última entrada. Hay mucho que contar, pero no es cuestión de dar el coñazo.

El viernes por la mañana fuimos a visitar el templo Sensoji, uno de los más visitados de Tokio. Muy bonito. Tito dio dinero para coger uno de esos papeles que te leen el futuro. Tiene muy buena suerte. Textualmente, decía: “La persona que esperas, nunca llegará. Sí tienes que emprender un viaje, no lo hagas. Si te mudas de casa, todo irá mal -o algo así, sucesivamente-“. Ja, ja, ja. Así da gusto.

Por la tarde, fuimos a Akihabara, un distrito lleno de tiendas para frikis y onanistas. Después de visitar una tienda de consoladores y muñecas de plástico de seis pisos, nos tomamos una birra en un bar de camareras vestidas de niña que te hacen dar palmas y entonar canciones ñoñas. Después, fue el momento del karaoke. Lo flipamos pero bien y cantamos como nunca.

Cogimos el metro para Shibuya. Sensiblemente borrachos, rodamos cuesta abajo por unas escaleras en lo que hemos bautizado como Shibuya Roll. Terminamos la jornada en el fotomatón. Inmersión total.

Al día siguiente, me di cuenta de que había perdido el pasaporte y el pase de tren. Fui directo al fotomatón porque sospechaba que lo había dejado allí. Y ahí estaba, en el suelo de la cabina. Nadie lo había tocado. Gracias, Japón.

Por la tarde, dimos un concierto en el Instituto Cervantes. Fue genial. Era el primer festival de música que organizaba el centro y vinieron más de 200 personas. Habían instalado una barra libre de Estrella Galicia y de combinados de Jameson con Ginger Ale. Fue cojonudo. Pedro cantó una versión que Boys Age, uno de los grupos que tocaban, hizo de ‘Viaje a los sueños polares’, de Family. Sin embargo, los japoneses la presentaron como una canción de Elefant Records, obviado a la banda, prueba de lo popular que es el sello aquí.

El domingo, tras presenciar un combate de sumo universitario, dejamos Tokio y dormimos en Fujinomiya, una ciudad en las faldas del monte sagrado. Por la mañana, alquilamos unas bicis a Chan para visitar los alrededores. Precioso. Y de ahí, a Osaka.

Por cierto, a Eloy lo hemos rebautizado. Ahora se llama Luis porque su nombre original suena como una palabra japonesa que significa pervertido. Y cada vez que decíamos su nombre la gente se descojonaba.

Lo estamos pasando genial. También os echamos de menos. Pronto más noticias. Debajo, algunas fotos.

¡Salud!

Jorge.

image

image

image

image

image

image

image

Bi-ru y hostias en Tokio

!!Hola!!

Estamos muy bien. Llevamos día y medio en Tokio y ya hemos aprendido la palabra que más hemos repetido: Bi-ru, bi-ru (cerveza, cerveza). Hay mucha afición por la bebida en la ciudad. No es cara, o no al menos como muchos lo pintan. Hay supermercados que venden latas frías de medio litro de la marca local a poco más de 1,5 euros. Y se pueden comprar las 24 horas. En los garitos que hemos encontrado, los 33cl salen por 300 yenes, unos 2 euros. Es decir, que emborracharse en Japón no sale mucho más caro que en Barcelona.

Es viernes por la mañana. Anoche dimos nuestro primer concierto en la capital. Fue un cartel compartido con cuatro bandas de aquí. De los nombres que recuerdo, los últimos se llamaban Mary, y otros, The Electers. La sala era el Livehouse Waver.

Voy a empezar por casi el final, relatando un hecho que nos dejó a todos en shock, sin poder de reacción. Estábamos en primera fila gritando y bailando durante el concierto de los Electers, de quienes nos habíamos hecho medio coleguillas, y un japonés se quiso poner a nuestra altura, a saltar y hacer el mandril. Éramos los únicos del garito que nos movíamos. De repente, al bajista se le cruzó el cable, brincó del escenario, le soltó un guantazo al tío y se empezaron a cascar. Tito se metió en medio y los separó. El uno subió al escenario como si nada y siguió tocando; el otro, impertérrito, continuó disfrutando de la música. Todo sucedió en mitad de la canción. Unos segundos de locura que rompieron la corrección y la armonía. Como si ese estallido de rabia y furia de apenas cinco segundos fuera necesario para mantener el orden mundial. Más tarde el bajista nos explicó que había entendido que el otro se reía de ellos.

En el puesto de merchan, Mary regalaban cedés. Pedro cogió uno y completó el nombre del grupo con un rotulador negro: “Marykón”. Después sintió risa y vergüenza y lo escondió por ahí. Eso fue casi al final de la noche.

El concierto salió bien. Muy bien teniendo en cuentas que acabábamos de comprar las guitarras y el bajo dos horas antes por 80 euros. Bueno, en realidad los instrumentos los tuvieron que comprar Eloy y Elena porque los dejamos colgados. Habíamos quedado a las 12, cuatro horas antes de la prueba, en una calle llena de tiendas de guitarras. Pero no aparecimos.

Se suponía que íbamos a estar los seis en el mismo apartamento, pero una semana antes de llegar hubo un brote de dengue en un parque de la zona. Elena ya se contagió en una ocasión, dicen que una segunda es mortal, así que alquilaron un apartamento en otro barrio.

Sea como fuere, la noche anterior habíamos salido. Unos japoneses que conocimos por la calle nos llevaron a una zona de bares llamada Golden Gai. Son callejuelas de garitos en los que apenas caben cinco personas. Moló mucho. Llegamos a las 6 de la mañana, jet-lag incluido. Y gracias a que habíamos cogido prestado el wifi portátil del apartamento, porque si no es imposible aclararse con las direcciones. Como queríamos dormir, nos pusimos ciegos de orfidal. Cuando llegó la hora, no se levantó ni Dios.

Abrí el ojo y eran las 2.40 pm. Teníamos hora y poco para comprar las guitarras y llegar a la prueba. No queríamos cagarla ya de primeras con lo estrictos que parecen ser los japoneses, pero teníamos todas las papeletas. Sin embargo, gracias al buen hacer de Eloy y Elena, se solvetó la situación. Y nosotros cuatro, sin saber cómo, llegamos a tiempo a la sala.

El trato de la gente del local fue exquisito. Y la organización, perfecta. Todo el mundo llegó a su hora, probó y tocó durante el tiempo establecido. Empezamos el concierto con Wíctor y la sensación de estar ahí, cantando y metiendo ruido frente a una docena de japoneses, fue cojonuda. Sonó deputamadre. Vino a vernos Naho, de Nos Mola el Pop, gracias a la que en parte estamos aquí haciendo el cabra.

Hoy queremos ir de turismo, aprovechar un poco el día y empezar a beber bi-ru ya a última hora. Mañana tocamos en el Instituto Cervantes con Boys Age, unos tíos a los que seguimos desde hace tiempo.

Pronto más noticias. Os dejamos con algunas fotos.

Besos!!

image

imageimageimage

image

¡Cohete a Japón!

¡Muy buenas! ¡Estamos de celebración!

Nos complace anunciar que en septiembre Gabriel y Vencerás darán seis conciertos en Japón. Será la primera vez que la banda viaje fuera de España para desplegar su artillería supersónica y emocional.

Han sido meses de arduo trabajo para cerrar estas fechas y estamos muy contentos de poder compartir la notica. Sin duda será una experiencia inolvidable. Podréis estar al tanto de toda la aventura leyendo el diario de gira que escribiremos en este blog.

El calendario de conciertos de los autores del sensacional ‘San Felices‘ (Hermanos Segundos, 2014), queda así:

26/7 @ Begood, Barcelona (más info, aquí)
—-
4/9 @ Waver, Tokyo
6/9 @ Instituto Cervantes, Tokyo
9/9 @ Namba Mele, Osaka
12/9 @ Socractes, Kyoto
13/9 @ TBD, Nagoya
16/9 @ Varit, Kobe
—-
20/9 @ Festes del Poble Nou, Barcelona

Queremos agradecer a Tito Andrés y Eloy Bernal su dedicación en las labores de contratación. Sin su esfuerzo esta experiencia no sería posible. También damos las gracias a Maurici Ribera (The Missing Leech) por facilitarnos contactos y abrirnos el camino; y a Naho Kozuke (Nos Mola el Pop) y Miwa Okubo (Instituto Cervantes) por toda su ayuda.

Nos despedimos con el maravilloso cartel que Olivia Tirana, una de nuestras ilustradoras favoritas (si no la más), ha diseñado para la ocasión:

gyv_3

¡Gracias!

¡Nos vemos!